DEMOCRACIA, privación de libertad del pueblo.

Los años 70 en el estado español, fueron muy convulsos. A la muerte del dictador se produjo un indulto real y posteriormente la aprobación de la ley de amnistía política del 76, que no fue otra cosa que una ley de punto final y de impunidad para los crímenes franquistas. Las cárceles encerraban muchos presos políticos que sirvieron como referente de lucha para algunos de los llamados presos sociales , que comprendieron que sin una ruptura radical con las instituciones y estructuras sociales heredadas del franquismo al servicio del capital, cualquier cambio sería sólo de fachada y las prisiones no tardarían en llenarse de nuevo.

En el verano del 77, después de un combativo motín en la cárcel de Carabanchel, se forma en La Modelo de Barcelona, la Coordinadora de presos en lucha (COPEL), una de las experiencias más radicales de las luchas autónomas populares, en aquel periodo. Esta experiencia, como las de los revolucionarios que en la calle intentaron potenciar y radicalizar con su intervención armada aquellas luchas autónomas en una perspectiva antiestatal y anticapitalista, recibió un especial ensañamiento por parte de la represión democrática a causa de sus protestas, motines y autolesiones.

Con la desintegración de la COPEL en 1980, gracias a la introducción de drogas y muy especialmente a la heroína, las luchas de los prisioneros que no claudicaban en sus aspiraciones de libertad no se interrumpieron, sino que tomaron otras formas de revuelta ajustadas a la cruda realidad de encontrarse de nuevo olvidados por la gente de la calle.

La población presa se multiplicaba cada año. Por una parte la heroína y el SIDA, por otra el aislamiento y la tortura, que lejos de desaparecer se sofisticaban, condenando a miles de hombres y mujeres al castigo de la domesticación o a una muerte lenta.

Contra esta realidad de exterminio en 1990 se desarrollan las luchas defensivas de la Asociación de Presos en Régimen Especial (reconstituida), APRE, que con la necesidad de reclamar la atención de la opinión pública, llevaron acabo acciones contundentes de motines o secuestros de carceleros.

Con la subida al poder del PSOE, se considera que la democracia se ha consolidado, pues toma el poder un partido que supuestamente es de izquierdas. Es precisamente este partido el que en el año 1991, para acabar con las protestas y las luchas dentro de las prisiones, diseña un modelo de prisión antimotines que consiste en crear una cárcel dentro de la cárcel, para clasificar y mantener a las personas que son consideradas “peligrosas”, en permanente y constante aislamiento. Es ahí donde aparece el FIES (Fichero de internos de especial seguimiento), que son unas celdas de máxima seguridad y de reducidas dimensiones, 2 x 3 metros, en las que se mantienen a las personas presas de 22 a 23 horas de encierro y en completo aislamiento, con 1 ó 2 horas de salida a un patio vallado hasta el cielo y de reducidas dimensiones. Además a la persona se le priva de todos sus efectos personales, de fotos, espejos, se le controla la correspondencia y todas las comunicaciones, y se crea un fichero con todos sus datos personales y los de su entorno. Sus pocas pertenencias y la celda, son sometidas a varios registros diarios, y lo mismo la persona cada vez que sale y entra en su celda. La luz permanece encendida las 24 horas del día, y la ventana enrejada es cerrada con una chapa de metal con agujeros.

En esas condiciones de encierro, a la persona presa se le priva de sensaciones tan elementales como es la del paso del tiempo, el contacto humano, se la dispersa alejada de su contexto familiar para dificultar las visitas y es el lugar que se aplica con mayor impunidad el maltrato, de manera que todo ese sistema de reclusión, actúa como instrumento de despersonalización.

Posteriormente a finales de los noventa, principios del dos mil, se inicia otro momento de lucha colectiva dentro de las prisiones, en esta ocasión contra el FIES o por los “cuatro puntos” (Fin del régimen FIES y del aislamiento – Libertad para presos con enfermedades incurables – Fin de la dispersión – Libertad para quienes han cumplido 3/4 partes de la condena o 20 años de prisión).

Estas cuatro reivindicaciones, consensuadas por los propios prisioneros, se ajustaban a la ley vigente de entonces. El llamamiento se produjo por unos compañeros anarquistas italianos desde el FIES de Jaén II, y tuvo su receptividad en la calle.

Ninguna de esas reivindicaciones han sido conseguidas aún.

Del impulso de este último episodio de lucha, en Quatre Camins, en el 2002 y tras varias muertes de presos por razones de salud (enfermedad de cárcel), más de 100 presos se declaran en huelga de brazos caídos reivindicando derechos y la libertad de los presos con enfermedades incurables. La protesta es sofocada con la violenta entrada de mossos y grupos de carceleros desplazados desde otras prisiones y localidades, y los presos considerados responsables, brutalmente golpeados y dispersados. Los propios carceleros destrozaron instalaciones penitenciarias, y posteriormente dejaron entrar a la prensa para que tomaran imágenes de los destrozos que había ocasionado el “motín” que ellos mismos provocaron.

Actualmente el estado español es el país europeo que en proporción tiene el mayor número de presos, con unos índices de criminalidad bajos. Las sucesivas reformas del código penal y las numerosas ordenanzas, han tipificado actos y costumbres habituales como delitos.

 A pesar de que la democracia prometía libertades, en el año 2009 la cantidad de personas presas era un 400 por ciento mayor que en 1980.

 Para hacernos una pequeña idea:

En el año 1974, aún estando vivo el dictador, en las cárceles había casi 15.000 personas.

Después de la amnistía del 1976, había alrededor de 9.000 personas.

En el año 1992 la cifra de personas presas se acercaba a las 36.000

Y en el año 2009 había más de 76.000 personas presas.

 Democracia nunca fue sinónimo de libertad, sino más bien de su privación.

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