¿Feminista, tú? ¿Y por qué te pasó esto y esto….?

Lo peor es cuando somos las propias mujeres quienes tenemos actitudes machistas. Parece que las feministas recalcitrantes o aquellas que huyen de ser feministas lo primero que hacen es reclamarte “incongruencia”, te dicen: “tu que tanto hablas de la lucha de las mujeres y mira lo que te pasa.”

Tenemos que recordar algo, ninguna mujer que se haya nombrado por si misma o por otros en la historia como feminista pudo serlo sin haber pasado por una experiencia violenta colectiva o individual; ninguna mujer inicio siendo feminista al nacer, se construyó a partir de una realidad lacerante que la impulsó a escribir, hablar sobre la necesidad de luchar y transformar el mundo que la había amenazado a ella o a otras mujeres. Ninguna feminista en la historia dijo ser pura sin contradicciones internas y externas. Ninguna mujer feminista dejo de enamorarse, de equivocarse, de reencontrarse y superarse junto con otras mujeres. Ejemplos tenemos muchos: Rosa Luxemburgo, quien tuvo que ganarse un lugar en el partido a pesar de los prejuicios sobre su capacidad política. Simone de Beauvoir en su autobiografía “Memorias de una joven de buena familia” dice haber tenido un “sentimiento de inferioridad” que superó sólo con la defensa del trabajo como la única manera de adquirir una libertad concreta frente a los hombres. Violeta Parra sufrió relaciones caóticas que no le impidieron que a la vez luchara contra la dictadura “hoy cantaré lo bastante pa’ dar el grito de alarma.” y a la vez escribió “Gracias a la vida”. A todas ellas las reivindicamos y usamos de ejemplo por ser mujeres que fueron más allá de la defensa de su género, por la defensa de la vida, en contra de las opresiones colectivas. Y no creo que su creación artística o intelectual se ponga en duda por no tener una vida perfecta, sino muy al contrario llena de contradicciones que transformaron y usaron como herramientas, toda su obra nos la heredan a nosotras, ninguna nacimos feministas, sino que vamos aprendiendo a serlo.

Las feministas recalcitrantes disputan su bandera, como si sólo ellas pudieran nombrarse defensoras de nuestro género y nadie más. Si alguna otra que ellas no consideran feminista lo hace ¡Cuidado! Parece que les quitan su trabajo y su título. Su tarea se ha convertido en descartar quién si y quién no es feminista, en lugar de ver en cada otra mujer una aliada, una más que puede luchar junto a ellas.

Por otra parte muchas son las mujeres que tienen resquemor al nombrarse feministas (fuera de las discusiones intelectuales, y las nuevas reivindicaciones) se muestran escépticas respecto a las capacidades de su propio género (terminamos siendo feminazis, locas) generalmente ven los actos machistas como naturales, como si nunca fuesen a transformarse y creen que nos convertimos en resentidas de la vida, que nuestra lucha está basada en un odio contra los hombres. Hay que aclarar que por lo que luchamos es por otras formas de vida junto con ellos y sabemos que los hombres tampoco nacen machos, se hacen machos a través de la reproducción de una sociedad y sistema patriarcal que malamente les exige llevar los pantalones para mostrarse “fuertes” y “capaces”. Por lo general, pueden justificar todas las conductas machistas, y presumen ser más amigas de los hombres que de las mujeres.

Todo el tiempo está el reclamo: “mira, eres feminista, y fuiste agredida, tu también agrediste …” es como si por equivocarnos tuviéramos que renunciar a la defensa, entregarnos al despojo, y asumirnos como subalternas, sólo porque una vez caíste debes destinarte a estar abajo siempre. Es como si por reivindicarse una feminista no estuviera expuesta constantemente como todas las otras mujeres que no se nombran feministas a vivir experiencias desagradables, no sólo en la casa, en las calles, el trabajo, los espacios públicos, etc. Todo el tiempo escuchamos expresiones como “estás bien buena” (como si fuésemos objetos a calificar) u otras como “es que ella lo provocó” como si históricamente fuéramos las “brujas malditas”, “la dejo por zorra”; una culpa que recae sobre el género femenino. La violencia verbal es lo más recurrente y sutil, no nos percatamos, por eso evadimos darle una transformación real al lenguaje que es sumamente machista. Y así la violencia física se encubre bajo los problemas “entre dos” ” es de pareja” y no como un problema que tiene que ser tratado socialmente, porque muchas veces la familia, hermanas, amigas por la cercanía omiten y justifican cualquier agresión hacía nuestro género, asumiendo ser cómplices del mismo.

Quiero decirles que llamarse feminista no te dota de un escudo de protección contra las amenazas que la sociedad se encuentra bajo este sistema salvaje, quiero decirles que 7 de cada 10 mujeres hemos sido parte de algún tipo de violencia física, psicológica, verbal o sexual; se nombre feminista o no muchas han tenido límites contra esa violencia. Sin embargo un acto feminista y verdaderamente revolucionario entre las mujeres ( porque también está entre los hombres y demás géneros) tal vez radica en que nos impulsamos de la mano de la otra, tomamos fuerza, nos reconocemos y sobrevivimos juntas.

Y sí, una no es feminista por postear frases revolucionarias, una no es feminista sino actúa en consecuencia, una no es feminista sino se reconstruye con otras mujeres y hombres a partir de las ruinas; pero específicamente una no es feminista si expone los problemas de las otras como ajenos, porque todxs estamos bajo una violencia generalizada. Aprendí de mis compañeras que ellas son feministas, no por escribir grandes frases de intelectuales, no porque estén exentas de equivocarse, no porque sean totalmente mujeres ejemplares, son feministas porque están con otras mujeres y hombres luchando contra las propias contradicciones y las ajenas y no te dejan sola, están ahí hasta que te emancipas igual que ellas. Esos son actos feministas también, no sólo mantenerse erguidxs, sino levantarnos. Porque ser feminista es reflexionar los problemas “individuales” de manera social, hacer redes y no quedarnos con ellos en la intimidad o en lo privado, porque bien podemos librarla solxs (ir a terapias o cómo podamos hacer uso de otras herramientas individualmente, buscar ayuda profesional sólo para nosotrxs, eso es un hecho), pero también siempre nos resta la tarea de hacer de ello un aprendizaje histórico, amplio y colectivo.

Paola Alcazar

http://kaosenlared.net/feminista-tu-y-por-que-te-paso-esto-y-esto/

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