Una mirada al contexto internacional

En estos tiempos que alguien denominó de neoliberalismo, todo es negocio y todo se privatiza: transporte, sanidad, educación, investigación… Las cárceles no podían ser menos. EEUU es el país puntero y quien marca las pautas a nivel mundial. El prisionero revolucionario más conocido de EEUU, Mumia Abu-Jamal dijo que la cárcel es el proyecto de “vivienda pública” de mayor crecimiento en el país, Europa lleva ya tiempo en la misma senda. La privatización de las cárceles en Gran Bretaña aumenta sin remedio, amparada por el gobierno británico.

Alimentación de los reclusos, vigilancia, traslados y construcción de prisiones se convierten en un negocio para cualquier estado, aquí en Catalunya una empresa de catering dirigida por el ex presidente de F.C. Barcelona, el fascista Gaspart era la que suministraba la comida basura a los talegos.

En EEUU la población reclusa se ha multiplicado por tres en los últimos veinte años, el presupuesto para el sistema penal llega a los 21 billones de dólares (3150 billones de pesetas) por año, casi tanto como el de la educación superior. El constante crecimiento de la población reclusa no responde a un aumento paralelo de la criminalidad, sino a intereses económicos y políticos, los presos son quienes pagan las consecuencias, se convierten en mano de obra barata, con el pretexto de rehabilitación, abusan laboralmente de ellos. En muchos casos , grupos de derechos humanos e incluso la propia administración (en el caso de las cárceles privadas) encuentran problemas al acceder a las cárceles y las posibilidades de presentar quejas y reclamaciones disminuyen.

El progresivo triunfo de las llamada políticas de “tolerancia cero” frente al delito está transformando a pasos agigantados la moribunda Europa del estado de bienestar en una auténtica Europa del “estado-represor”. Siguiendo la estela marcada por el Tio Sam, con Aznar a la cabeza, los gobiernos del viejo continente se aprestan a recortar las partidas sociales a la par que elevan los presupuestos destinados a proteger la sacrosanta “seguridad ciudadana” y a combatir el terrorismo “omnipresente”. El resultado es conocido: legislaciones penales cada vez más duras y restrictivas (sirva de ejemplo la reforma de nuestro código penal) más policías en las calles, más jueces, nuevas cárceles y más presos; en definitiva un mayor control social y una mayor exclusión de las clases y minorías mas desfavorecidas y estigmatizadas.

En EEUU, los acontecimientos del 11 de Setiembre y la posterior declaración de guerra permanente al terrorismo han impulsado este proceso de recorte de libertades civiles, iniciado hace décadas, hasta llegar a extremos inimaginables. Con más de 2 millones de personas encarceladas sobre una población de 250 millones de habitantes, que representan un 5% de la población mundial, EEUU posee el 25% del total de presos del planeta. Además la cifra de personas cuya libertad está reglamentada por el sistema penal (en modalidades como la libertad vigilada o la libertad bajo palabra) asciende a más de 6 millones y la industria carcelaria representa hoy en día al 3º empleador del país.

La población carcelaria presenta también un marcado desequilibrio racial, así no es de extrañar que la mayoría de reclusos en los centros de exterminio sean gentes de diferentes razas: gitanos, negros, árabes, chicanos, puertoriqueños y indígenas son las comunidades más golpeadas. Las estadísticas por eso señalan el número de reclusos que tienen cada país en sus cárceles pero esas cifras no se incluyen en los datos de desempleo, una de las razones por las que cada vez más gente recurre al delito para sobrevivir.

Las condiciones de higiene, salud y comida cambian mucho a uno y a otro lado del charco. Las prisiones en Portugal tienen la tasa de mortalidad más alta en Europa, donde se han registrado múltiples violaciones de los derechos humanos, la tasa es de 109 muertos por cada 10.000 reclusos, más de un tercio, en términos relativos, que las prisiones rusas que son las segundas más letales. En Rusia , el riego de muerte es también elevadísimo, de un millón de presos 130.000 padecen tuberculosis multiresistente que no se puede tratar. Igual ocurre con el Sida uno de los mayores porcentajes del mundo de presos respecto a la población del país.

El 85% de los reclusos en Angola muere entre sus muros. En Cuba los presos políticos viven en “celdas de castigo”, entre nubes de mosquitos, con escasa comida y están sometidos a tratos crueles. La mayoría está confinada en un espacio donde apenas pueden estirar los brazos; las celdas están tapiadas y las visitas son tan solo cada 3 meses. En Guantánamo, 117 kilómetros cuadrados, donde los presos caminan con grilletes en muñecas, pies y cintura con los rostros tapados y envueltos en monos de color naranja. EEUU considera que no se debe aplicar a los presos de Guantánamo el convenio de Ginebra, en el que recoge los derechos de los presos de guerra.

Los detenidos no pueden hacer uso de sus derechos más elementales: un abogado, comunicaciones con su familia y un juicio con garantías procesales. Modelo del que no debe ser la justicia: un negro condenado por un jurado de blancos en un solo día, sin testigos directos, ni huellas dactilares o material genético. Los acusados tienen que pagar con su vida por los errores de sus abogados.

En EEUU la pena de muerte con Bush sumaba en febrero del 2000: 120 ejecuciones con inyección letal en una prisión de Tejas. En los últimos vente años ha subido más de un 10% el número de muertes en EEUU ya sea con la silla eléctrica, la inyección letal, la cámara de gas…sin contar con las muertes por tortura, palizas o sospechosos suicidios. Las víctimas pasan desde enfermos mentales hasta gente inocente que muchas veces se demostró después de la ejecución.

El 26 de Junio del 2003 se presentaba en Barcelona, de forma simultánea a otras ciudades del mundo el manual “Contra la tortura: manual de acción” coincidiendo con el día de apoyo a las víctimas de la tortura. Según la organización de defensa de los derechos humanos, todavía hoy en 150 países se practica la tortura o trato cruel en el que están involucrados agentes estatales. En los últimos 4 años se han constatado numerosos casos de torturas, que en muchas ocasiones no solo son toleradas, sino alentadas por los estados. Y tan solo en el curso del pasado año hubo denuncias en 160 países entre ellos incluido el Estado Español.

El negocio de la producción y explotación de instrumentos de tortura (cadenas, grilletes, porras, látigos, esposas e instrumentos para la tortura “tecnológica”) beneficia a muchos países, entre ellos los cinco miembros permanentes del consejo de seguridad de la ONU.

En Israel la tortura está permitida invocando la “necesidad de defensa” y los autores tienen la impunidad garantizada. Si tenemos en cuenta la Convención contra la Tortura (1987) solo ha sido ratificada por 90 paí ses y que el protocolo adicional del Comité contra la Tortura de la ONU (1997) que permite la creación de comisiones de investigación ha contado con la firme oposición de 4 países entre ellos EEUU (los otros son dos islas del Pacífico y la “democrática” Nigeria).

En las declaraciones realizadas por el recién muerto ex jefe de la Guardia Civil y fascista Saenz de Santamaría decía que “una declaración no sólo se consigue con un simple interrogatorio”.
A TODO CERDO LE LLEGA SU SAN MARTIN.

 

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