Una historia breve de la psicología

Presentación sobre “una breve historia de psicología”, para las jornadas de CNT Korneyá, “Cuestionando la llamada enfermedad mental” (Mayo 2014) y en el Otoño libertario en CNT -Tirso de Molina, Madrid (Octubre 2015)

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UNA BREVE HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA

¿Por qué la orientación hegemónica de la psicología actual, proviene de la cognitivo conductual?

No fue una casualidad que los padres del conductismo, J. Dewey, J.R. Angell y J.B. Watson, trabajaran en Chicago.

A finales del siglo XIX, Chicago era una ciudad industrial a la que acudían grandes flujos de trabajadorxs extranjerxs y de migrantes del sur, en su mayoría negrxs. Es aquí donde las luchas sociales se radicalizarán más, y es aquí donde la psicología tendrá su campo de experimentación en el sector social y laboral, y coexistirán los cronómetros y la standarización ergonómica de tiempos y movimientos, con medidas de inteligencia y personalidad, destinadas a una selección “científica” del personal.

¿Cómo se llegó a la promoción social de la psicología?

En la medida que la Reforma Protestante se fue asentando en la base del capitalismo, el viejo dios fue sustituido por un nuevo ídolo, el Estado, lo que permitió que el poder físico y visible, pudiera mutar en poder interior y simbólico. El código moral exigía del alma cristiana una total sumisión a la “ley divina”, y el aprendizaje de esta domesticación facilitó que el “nuevo ídolo” pudiera exigir que cada ciudadanx abriese su conciencia a las leyes soberanas del poder civil.

Comienza así una nueva política, la Razón de Estado, “destinada a acabar con las resistencias al orden y a la ley, mediante su grabación a fuego en las almas”.

En el s. XIX, esta misma política “ensayará una nueva estrategia destinada a domesticar voluntades valiéndose de un nuevo cuerpo de especialistas, desgajados a su vez, del extenso e indeterminado ramo de la salud pública”. Esta nueva disciplina recibió el “título” de psicología (ciencia del alma).

La psicología, heredera de J.J. Rousseau y de los proyectos panópticos de B. Bentham, perfeccionará el viejo oficio que los jesuitas trataron de elevar a la categoría de arte, convirtiéndola en ciencia de la persuasión sutil.

“Se trata de estudiar al individuo para diseccionar hasta sus más recónditos escondrijos”.

John Stuart Mill, vió en ella la ciencia por antonomasia del nuevo orden positivo y reclamó para lxs psicólogxs la mediación de todas las diferencias sociales, de manera que estos moralistas sean “al mismo tiempo los encargados de estigmatizar todo pensamiento, palabra y obra que no se adecue al orden social”, pues considera que “solamente la moral puede acabar con la anarquía y promover las conductas deseadas, y en la medida que la moral es una facultad del alma corresponde su tratamiento a los expertos de la conciencia recta”.

En 1860, G.T.Fechner se preocupó empíricamente por la relación existente entre el mundo físico y el alma, para reforzar el cuestionado moralismo de la época, para ello, a través de pruebas experimentales de estímulos, pretendía demostrar que el alma se encontraba en un nivel superior al de la materia.

Estímulo, respuesta, independencia del alma, la psicología científica encontraba sus bases coincidiendo, como por casualidad, con una época de instrumentalización del cuerpo humano, en tanto que parte del engranaje del sistema maquínico en expansión. “Conocer las potencialidades de la fuerza de trabajo era imprescindible para poder calcular índices de rentabilidad. La división maquínica y la división del trabajo debían ir acompañadas de la segmentación del cuerpo productivo”.

En esa misma época, H.von Helmholtz, fue el primero que intentó calcular la velocidad de propagación del estímulo nervioso en el hombre, comenzando la observación de los tiempos de reacción en sus diferentes modalidades. Medidas de tiempo en una sociedad en la que se le considera oro. Medida exacta de gestos y movimientos en un sistema social que se caracteriza por la ampliación e intensificación de las disciplinas. “El reloj precede el taller del mismo modo que el calendario las celdas de la prisión” .

Ruptura de la tradicional psicología filosófica en favor de un estudio más positivo y experimental, es decir más científico. Tiempos de reacción cuando las luchas de los trabajadores para hacer disminuir la jornada laboral recibirán como respuesta la aceleración de ritmos de trabajo y la búsqueda de una mayor extracción de plusvalía relativa. Sociedad disciplinaria y de explotación, pero también sociedad de mercancías y de consumo que necesita conocer los mecanismos de la sensación y de la percepción.

El estudio del alma fabricada por las disciplinas recibirá de los poderes públicos el estatuto de cientifidad y su función será medir y clasificar: orden y medida. Estudio del sujeto humano para consolidar científicamente las prácticas disciplinarias, aumentar las rentabilidades y naturalizar las relaciones de explotación.

En 1879 W. Wundt, considerado el padre de a psicología, abre en Leipzig el primer laboratorio de psicología experimental. La psicología se desarrollaba e institucionalizaba en un momento en el que el “Canciller de Hierro” lanzaba su gran ofensiva contra socialistas y trabajadores alemanes.

Durante todo el siglo XIX, la burguesía utilizó diversas tácticas para acabar con la relativa autonomía de las clases populares, aplastar su cultura, impedir sus frecuentes e imprevisibles sublevaciones, descalificar sus formas de vida. Para ello no dudó en utilizar métodos duros como la represión policial brutal y el ejercicio de un control milimétrico en espacios totalitarios, principalmente fábricas, cárceles, manicomios, escuelas.

En nombre del bien común y el pacto social, proletarixs, delincuentes, locxs y niñxs serán sometidxs a una observación e intervención constantes. Dichas instituciones constituyen un laboratorio social con carácter ejemplar. Política de control del espacio, ejercida en nombre de un saber (económico, psiquiátrico, jurídico y pedagógico) que servirá al Estado para conseguir el orden, la disciplina, la santificación de los lazos familiares, el respeto a las jerarquías, la aceptación del puesto asignado en el sistema social.

Así, la medicina social, con la excusa de la enfermedad o de una gran epidemia, observará las formas de vida de las clases peligrosas, registrará sus hábitos y costumbres e inculcará valores que, pese a la extensión de su amplia red de profilaxis social, todavía no podrán contener brotes revolucionarios como los de la Comuna de París.

La derrota del movimiento obrero se verá complementada por la hegemonía alemana consolidada por las políticas antirevolucionarias de la Triple Alianza. Políticas destinadas a adelantarse a cualquier insurrección posible mediante leyes de previsión social. A la seguridad social instaurada por Bismarck, se le suma la organización científica de la policía.

La Comuna de París puso en alerta a los representantes del orden, que veían al pueblo como amante de la insurrección callejera y sembrador del caos, de manera que sus esperanzas sólo podrían ser depositadas en la infancia y la juventud.

Asegurar un futuro armonioso exigía unas reglas de previsión social para modelar a las jóvenes generaciones en los valores de la sociedad, siendo la infancia objetivo de políticas de Estado, surgiendo en toda Europa leyes que prohiben el trabajo de lxs niñxs e imponen la obligatoriedad del encierro escolar para preservar a la infancia pobre de la “inmoralidad” que le rodea.

La escuela, a semejanza de otros espacios cerrados, inculcará los sagrados valores del orden a través de la imposición de inmovilidad, clasificación,  aislamiento… Lxs niñxs saldrán de las fábricas, minas y telares, para ser encerradxs de nuevo en un espacio moral complemento del familiar.

La escuela se convierte en un lugar de ejercitación de poderes y por tanto, de resistencias.

El niñx popular, preso entre la autoridad paterna y la docente, optará por el vagabundeo y la delincuencia en oposición a la inmovilidad de los pupitres, el silencio obligatorio y a la reglamentación del momento.

El constante aumento de menores que quebrantan el pacto social genera una cruzada internacional de lucha contra la criminalidad infantil. De Estados Unidos parte la propuesta del sistema de los tribunales tutelares de menores, generalizándose en toda Europa y creándose un nuevo espacio para la domesticación de esa “infancia peligrosa” que, como resultado, genera una institución cruce de cárcel y escuela: el correccional o reformatorio.

Alfred Binet y otros psicólogos escolares consolidan el concepto burgués de infancia, desarrollando herramientas pedagógicas de domesticación. Conocer más para modelar mejor las conductas. Para Binet, el objetivo de toda educación es conducir a lxs niñxs a actuar de una determinada forma de manera “natural”, centrándose en lxs niñxs “inadaptadxs” que son la pesadilla del maestro y los buenos alumnos, para reducir su número y evitar que en el futuro sean “nocivos”.

Y es precisamente en este contexto de la Triple Alianza donde emerge un trío representativo de una nueva ciencia del alma en expansión, a través de tres corrientes psicológicas distintas que convergen en una finalidad común: el ejercicio minucioso del control social.

Se trata de tres corrientes políticas que pretenden resolver un problema de gobierno que exige solución: hacer imposible e impensable la revolución. Cheque en blanco al poder en nombre de la ciencia que explica el gran despegue de la psicología. Pacto que hace de la ciencia un poder y del abuso de poder la puesta en práctica de la ciencia que justifica que si hay individuos que no acatan el pacto social en un Estado de derecho, es debido a que sufren alteraciones objeto de corrección psicológica.

Este trío representativo de esas corrientes políticas son:

– Cesare Lombroso se apropia del campo del delito y de la degeneración orgánica (locos, criminales, anarquistas y primitivos), tratando de encontrar en los rasgos físicos los signos visibles del atavismo, la insurrección y el crimen: Antropología del tipo criminal.

– Sigmund Freud se sitúa en el terreno de la arqueología del inconsciente. El descenso a los abismos del inconsciente para determinar las leyes que lo rigen, no responde a un deseo de liberalización sino a una razón que identifica curación con la interiorización de la ley. Desaparece la brutalidad física como terapia, pero se intensifica la violencia simbólica, inscribiéndose en la lógica de la dominación capitalista iniciada por la Reforma protestante y heredando de esta y de la Inquisición, la obligación de la confesión (liberación por la palabra) y que responde a una lógica común y fundamento de toda psicología: convencer a la población de que progresar socialmente es convertir en normas espontáneas de libre aceptación las normas coactivas impuestas por el Estado.

– Wilhelm Wundt tiene el mérito de haber llevado a cabo una fisiología de la conciencia, a través de sus minuciosos análisis sobre los estados de conciencia que sentaron las bases de su psicología experimental. El centro de su atención fue la conciencia y dentro de ésta la voluntad, siendo de los primeros que llevó a la práctica la manipulación experimental de voluntades. Wundt fue un filántropo liberal que se sometió a los espíritus directivos, y sus discípulos diseminaron rápidamente por el mundo sus conquistas.

En 1890 J.M. Cattell es el primero en intentar hacer pronósticos por medios experimentales susceptibles de ser aplicados en el terreno educativo o industrial. Entre sus aventajados alumnos, podemos encontrar a Emil Kraepelin, considerado como el iniciador de la psiquiatría moderna.

Wundt, Freud y Lombroso coinciden en lo fundamental: proceden de la medicina moderna, aparecen en estrecha relación con la psiquiatría, descalifican la disidencia, responden a problemas de policía social. Los tres trataron de fabricar ciudadanos obedientes y sumisos al orden social.

La contestación al orden político se convierte en una anomalía psíquica asociada al primitivismo y a una mentalidad regresiva, y toda resistencia política puede ser convertida en descalificación psicológica.

La gran estratagema del poder para desembarazarse de lxs contestatarixs al orden nos remite al apoyo que le otorgan las ciencias del espíritu. Y el gran triunfo de la psicología deriva de diagnosticar y corregir a lxs contestatarixs del orden con la bendición del poder político. Sólo así se puede explicar el despegue de la psicología.

Para la psicología todxs lxs ciudadanxs son peligrosxs en potencia y susceptibles de ser tratadxs y adaptadxs. Si la psicología ha tenido cabida al lado de la medicina, la psiquiatría y la policía, se debe a que aportaba soluciones específicas de control.

Los psicólogos escolares calificaron el rechazo escolar como debilidad mental, psicopatía, degeneración, rebeldía o simplemente imbecilidad, y la infancia delincuente se convierte en campo de estudio de la psicología.

Alrededor de 1912 J.B. Watson, publica los artículos que darían origen al conductismo, convirtiendo la psicología en la ciencia de las conductas observables.

Los métodos productivos del trabajo se renovarán con la ayuda de la psicología, introduciendo en las empresas formas científicas de organización capaces de incrementar la rentabilidad-explotación. Los trabajos realizados en el laboratorio sobre los tiempos de reacción y los ritmos de aprendizaje serán aplicados a la industria por F.W. Taylor junto con los procedimientos de estímulos (primas) para la intensificación de las cadencias. Los estudios de Taylor de 1911 incidieron en la renovación de la psicología a través de los estudios sobre la fatiga, las emociones, la organización de los grupos de trabajo, la división parcelaria de las tareas y la relación entre motivación y rendimiento.

Siguiendo la herencia del taylorismo, comienzan los estudios y las técnicas de las relaciones humanas en la empresa. De ahí y de la pretensión de convencernos de la inexistencia de mecanismos de dominación, nacen los primeros esbozos de la psicología social con una doble preocupación: neutralizar la peligrosidad social de las masas identificadas con la muchedumbre proletaria y agilizar el proceso productivo centrándose en el estudio de las relaciones existentes en los pequeños grupos.

Justo unos años después de la gran crisis del 29, J.L. Moreno crea la ciencia destinada a definir la estructura del grupo en función de sus tendencias a la cohesión-desintegración (sociometría), estrenándola con presos del célebre penal de Sing Sing. Dichas experiencias coinciden con los trabajos del psicólogo gestaltista Kurt Lewin, consolidando las bases de las dinámicas de grupo, experiencias llevadas a cabo con niños, pero teniendo un desarrollo extraordinario al practicarse con soldados durante la Segunda Guerra Mundial. Dicha guerra posibilitó la generalización de la psicología de grupos, de la misma manera que la Primera Guerra Mundial contribuyó al perfeccionamiento de los test de aptitudes destinadas a orientar y seleccionar a millones de hombres lanzados al combate sin preparación militar.

La sociometría se plantea como alternativa destinada, sobre todo, a extender las redes de la psicología y crear el espejismo de que la solución a los problemas sociales está en el individuo. En los últimos años asistimos a una diseminación de multitud de diferentes técnicas de la psicología. Se trata de una revolución psicológica destinada generalmente a hacer inviable el cuestionamiento del orden establecido. El poder busca la ampliación y la apropiación del espacio de intervención a través de unas instituciones que tienen un interés común: la psicologización generalizada del campo social. Es por ello que a partir de los años 70, el conductismo comienza a ser la tendencia dominante en las universidades estadounidenses, lo que asegura la producción y reproducción del cuerpo de especialistas. Decía B.F. Skinner* que “el verdadero problema es el de la eficacia de las técnicas de control” y dicha eficacia se incrementa directamente en relación al enmascaramiento de la manipulación que el psicólogo ejerce sobre los sujetos.

Desde los 70 se ha concentrado gran parte de los esfuerzos en ocultar y camuflar los métodos de manipulación.  “La estrategia ha consistido en incrementar o extender el control ambiental de la conducta enseñando a las personas a que sean sus propios agentes de control”, de manera que el poder parece inexistente. El objetivo de la psicología es metamorfosear el control en ayuda al individuo, crear individuos felices sin alterar en lo más mínimo las condiciones sociales que obstaculizan su felicidad, responsabilizando a cada uno de sus límites y fracasos. A su vez, el saber psicológico es indisoluble del poder de anatemizar cualquier crítica que se le dirija.

En la medida que el psicólogo es el encargado de definir lo normal y lo patológico, cualquier crítico que se enfrente con la psicología se arriesga a recibir el veredicto de neurótico, paranoico o débil mental. La ciencia psicológica, como cualquier otra técnica de poder, está más allá de toda sospecha.

Médicos y psicólogos hermanados en la práctica de una “utopía de orden” como una perfecta policía de las acciones humanas…

El capital ya no dependerá de la producción de mercancías para enriquecerse y la psicología será un elemento clave para encauzar los comportamientos, responsabilizando y culpando a lxs individuxs de su precaria situación. Lxs educadorxs neoliberales nos responsabilizarán diciendo que “hay que ver lo positivo” y que “la crisis es una buena oportunidad de cambio”.

Como decía David G. Cooper, ”…hay que evitar que la locura sea recuperada por el sistema y que sea asesinada como posibilidad subversiva”.

NOTA: Esta es sólo una de las muchas historias que se podrían explicar acerca de la psicología. No es más auténtica ni cierta que cualquier otra, pero es la que deseo compartir desde un planteamiento anticapitalista, antipatriarcal y antiautoritario, o lo que se me antoja similar, desde una visión anarquista.

 

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