Comunicado clandestino de tres presos C. P. Arles Noviembre 2001.

COMUNICADO CLANDESTINO DE TRES PRESOS DEL CENTRO PENITENCIARIO DE ARLES. NOVIEMBRE DEL 2001.

Antes de leer el siguiente comunicado, tenemos que especificar que si nos presentamos ante vosotros con la cara tapada, es para evitar toda personalización de la acción en curso.

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Somos tres presos de “larga condena” entre otros más. El mensaje que llevamos es el de miles de hombres y mujeres sin voz, encerrados en las cárceles de Francia.

Por un lado, queremos decir que si llevamos pasamontañas es por razones de seguridad. No es necesario precisar que a las autoridades penitenciarias no les agradar? nuestra iniciativa, que la represión que nos va a caer encima por difundir públicamente este documento será contundente.

Puede que las medidas de seguridad que hemos tomado no nos eviten sanciones. Por eso pedimos de antemano a las asociaciones y ciudadanos preocupados por la defensa de los derechos humanos, que están atentos a lo que pueda pasar en el centro penitenciario de Arlés, en los próximos días y semanas. Eso evitar? que se produzcan violencias y abusos diversos, por parte de los dueños de la represión.

Está claro que si el mundo carcelario no fuera este lugar sin-derecho, donde los presos tenemos prohibido expresarnos y asociarnos, no nos hubiéramos visto obligados a emprender esta acción. La naturaleza antidemocrática de la cárcel nos hace actuar de esta manera.

En fin, queremos añadir que el material utilizado para realizar este reportaje, fue cogido sin el consentimiento de nadie. Para ser más concretos, hemos “cogido prestado” este material sin que la persona presa encargada del taller-video lo sepa.

El año 200 habrá sido, entre otras cosas, el año de la revelación pública del horror carcelar en Francia. “Una vergüenza para la República”, fue el comentario de mucha gente. Se denunciaron y se sacaron a la luz muchos problemas. Desde los parlamentarios hasta la Iglesia, pasando por varias asociaciones, todos tuvieron la oportunidad de expresarse sobre el tema, con cierta unanimidad. Tomamos acta de ello, pero, como siempre, nadie dio la palabra a los más directamente interesados, a aquellos y aquellas para quienes lo cotidiano es el infierno carcelario: las personas presas. Nunca nadie nos da la palabra, por eso hemos decidido tomarla aquí y ahora. Nos expresamos particularmente en nombre de los presos de “larga condena”, nosotros los “olvidados”, para quienes el horizonte sólo es desesperanza y odio.

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Estamos aquí, ante vosotros, para exigir que se nos apliquen medidas justas, equitativas, que nos permitan creer que no hemos sido condenados a la muerte lenta, a condenas que son sólo un sustituto de la pena de muerte. Aquí estamos para decir en voz alta y fuerte que a nadie le interesa que nos convirtamos en bombas humanas, ya que llegará el día en que seremos liberados, y volveremos a formar parte del tejido social. Qué pasará entonces, teniendo en cuenta que, durante años el sistema carcelario nos machaca, nos envilece, nos hiere hasta lo más íntimo de nuestro ser. Ya es hora de acabar con esta realidad, y es más que urgente que esta cárcel devoradora de hombres, sea objeto de una revolución cultural que le permita entrar en el tercer milenio con una mínima dignidad.

A raíz de nuestras experiencias, en nombre del respeto por la dignidad humana y por los derechos fundamentales del ser humano, exigimos al gobierno francés que tome las medidas siguientes:

– Primero: Reestructuración de la escala de las condenas y ajustamiento con la de los países dotados de una concepción penal menos represiva. Para ser claros, reivindicamos la abolición de las condenas largas y el fin del cúmulo de condenas, que hacen que hombres y mujeres deban cumplir decenas de años de cárcel. Y por supuesto, la abolición de la insoportable condena a perpetuidad. Los especialistas en la materia ya están admitiendo que, después de un cierto tiempo, la duración de la pena pierde todo sentido, siendo sólo ensañamiento, venganza y destrucción del individuo.

En el 2001, se celebrará el vigésimo aniversario de la abolición de la pena de muerte. Será la oportunidad para acabar con las penas largas, que no son más que un sustituto de la pena de muerte.

 – Segundo: Liberación inmediata de todas las personas presas que sufren enfermedades incurables. Morir dentro de la cárcel es la suerte más infame que pueda conocer el ser humano. Pedimos que se respete el derecho a morir con dignidad, entre los suyos, y fuera del contexto carcelario.

– Tercero: Abolición del módulo de aislamiento y de las celdas de castigo. Exigimos el cierre definitivo de estas herramientas ultra represivas. Estos lugares donde casi siempre el derecho es el derecho del más fuerte, donde el funcionario se convierte en verdugo, donde se multiplican las muertes sospechosas. Hay que acabar con todo esto.

¡Basta ya!.

Todo esto en cuanto a las medidas más urgentes. Cada día que pasa lo vivimos como si una venganza social nos fuera aplicada, y no como una medida de justicia. Sin embargo, la verdad carcelaria se compone de muchas más realidades que debemos denunciar y ver cambiar, en la mayor brevedad posible.

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Se trata por ejemplo de la imposibilidad de tener relaciones sexuales, de tener hijos, más sencillamente, de tener derecho al cariño. Tantos aspectos elementales de la persona humana.

El proyecto extremadamente limitado de los módulos de vida familiar, que concierne a tres establecimientos de los 187 actuales, es un insulto para nosotros. Sabiendo que muchos países han dotado a sus establecimientos penitenciarios de lugares de encuentro específicos para las relaciones íntimas, ¿por qué Francia se lanza en tal proyecto, sólo a título experimental, y por tanto muy limitado?.

¿Cuántos decenios tendremos que esperar para que se nos reconozcan estos derechos elementales?. ¿Cuántas familias más, y parejas, tendrán que deshacerse antes de que los responsables políticos y otros funcionarios actúen de manera responsable, o sencillamente humana?.

Otra preocupación de vital importancia: la transformación de las cárceles en anexos de los asilos psiquiátricos. Cada vez son más las personas presas que no deberían estar dentro de la cárcel: su estado psicológico es incompatible con ello. Pedimos que sean atendidos en los lugares adecuados.

También queremos denunciar el escandaloso uso de los productos de sustitución en el mundo carcelario. Demasiadas veces la calma en la cárcel se consigue a costa de la dependencia de los presos a las drogas de sustitución. Algunos detenidos acaban convirtiéndose en drogadictos durante su detención, cuando no lo eran antes de su arresto. ¿qué pensar de una institución que mantiene y empuja hombres y mujeres a la toxicomanía con el dinero de la nación?.

Exigimos también que se acaben las medidas de censura. La violación permanente de nuestra correspondencia, de los encuentros con nuestros allegados y nuestras familias, sólo tienen un objetivo: imponernos una autocensura que conduce a la alienación de nuestro pensamiento y a la anestesia de nuestros sentimientos, y también con la desaparición de nuestros vínculos familiares.

¿Quién puede creer que quieren nuestra reinserción, cuando la Administración Penitenciaria rompe sin piedad los lazos con nuestras familias, encerrándonos a cientos de kilómetros de nuestros hogares, y cuando el funcionamiento de la institución sólo lleva al preso a la infantilización y a la desresponsabilización?.

En la sección “Realidades Escandalosas”, cómo no evocar al trabajo penal. ¿Por qué? el derecho del trabajo no se aplica a las personas presas?. ¿Por qué, a veces, a la patronal francesa le interesa más dar trabajo a las cárceles francesas que transferirlo hasta un país del Tercer Mundo?. La respuesta es muy sencilla: porque explotan al preso a su antojo, y las condiciones ofertadas por la Administración Penitenciaria son con las que sueñan los esclavistas modernos.

¿Es así, con estas condiciones, que nos quieren incitar a la reinserción dentro de la sociedad a través del trabajo?. ¿Y qué decir de esos sueldos miserables, que ni nos permiten rembolsar decentemente al llamado ministerio fiscal?. Las decisiones de la Justicia al respecto son sometidas al afán de lucro.

Otro motivo de exasperación: el desinterés que ha manifestado la Administración Penitenciaria en lo que se refiere a cultura, el arte, estos alimentos para el espíritu y los sentidos.

¿Cómo podemos construirnos o reconstruirnos si la cultura y el arte no nos son accesibles, cuando se nos niega esta parte vital de nuestro ser, nuestro poder creativo?.

 Queremos denunciar aquí y con fuerza el maltrato de una mayoría muy activa del personal de vigilancia para quien la persona presa es el enemigo a exterminar. Estos funcionarios, negándose a respetar el espíritu de las leyes, incluso muchas veces su mero cumplimiento, constituyen un peligro permanente para la institución penitenciaria, y más concretamente para la población penal y para sus propios colegas. Ya es tiempo que esta gentuza sea neutralizada por aquellos cuya misión es la puesta en práctica de los textos y el seguimiento del funcionamiento correcto de los establecimientos penitenciarios.

Por otro lado, queremos llamar la atención sobre la puesta en práctica de la nueva ley llamada “de presunción de inocencia”. Otra vez tememos que el cuerpo de los magistrados encargados del cumplimiento de las condenas siga, en su mayoría, aplicando los textos de una manera extremadamente restrictiva.

Hace años que la política en materia de cumplimiento de las condenas es un desastre. Esto tiene que acabar. Tiene que acabar el ensañamiento cuyas víctimas somos “las largas condenas” por parte del sector ultra-represivo de la magistratura. Nos negamos a ser por más tiempo las víctimas de estos verdugos jurados.

Para concluir esta lista no-exhaustiva, queremos decir cuán necesario y vital nos parece que las autoridades penitenciarias se dediquen a cumplir con su promesa de apoyo a la reinserción de las personas presas. Hemos comprobado que, nosotros, los presos de las cárceles centrales de Francia, no nos beneficiamos de medidas que vayan en este sentido. Queda claro que no existe la voluntad política, y que las medidas concretas quedan en el aire. Nos parece evidente que nos están sacrificando y que nos llevan a una aniquilación sistemática. No queremos ser la materia prima para la política de seguridad ciudadana fomentada por el Estado.

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Por supuesto, mandamos un saludo a todos nuestros compañeros que se encuentran ahora enterrados vivos dentro de los módulos de aislamiento, y también a aquellos que están sufriendo la insoportable humillación de la celda de castigo. ¡Fuerza, ánimo y determinación para todos y todas!.

Para terminar, queremos dirigirnos a todos los jóvenes de los barrios periféricos, a todos los hijos e hijas del proletariado y sub-proletariado, a aquellos y aquellas que constituís la clase de los sacrificados del sistema. Ayer, vuestros padres y abuelos, eran convertidos en “carne de cañón”, y mandados al frente para morir defendiendo intereses que no eran los suyos. Hoy en día, nos ofrecen como destino, ser “carne de prisión”. Rechazad esta tragedia, rechazad esta lógica.

Tomad conciencia de todo esto antes de que sea demasiado tarde; porque las puertas de las cárceles se cierran cada vez más sobre vosotros y para un tiempo cada vez más largo, cuando los verdaderos delincuentes, los que viven nutriéndose de la miseria, de nuestra miseria, se sacian con toda arrogancia, burlándose de nuestras desgracias, de nuestras vidas sacrificadas.

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