Contribución del anarquista Francisco Solar a las “Jornadas de Resistencia y Solidaridad” de Atenas

¡Compañerxs!

Tratando de aportar, aunque sólo con este breve texto, a las jornadas que ustedes organizan estos días en Atenas, voy a basarme en mis propias experiencias carcelarias, tanto en Chile como en España.

Parto de la base, obviamente, de lo poco que conozco ambas realidades; sólo puedo hacer referencia al régimen de aislamiento, ya que en módulos no he estado “viviendo”, salvo un par de días estando de tránsito y el mes y medio que estuve en el CAS (Chile) que, por lo menos en cuanto a la arquitectura, es idéntico a los módulos de aquí. También hay que tomar en cuenta que en las dos situaciones fuimos y somos presos “especiales” lo cual nos afecta directamente en la cotidianeidad y por lo tanto en nuestra percepción de la cárcel.

En general el régimen de máxima seguridad de Chile se parece mucho a lo que es un primer grado (aislamiento) de España; la presencia del funcionario es permanente, los cacheos son diarios cada vez que sales de la celda y los espacios son sumamente reducidos. Las diferencias, en este sentido, son sólo de forma: acá hay más horas de patio, posibilidades de gimnasio y más recursos en cuanto a la calidad y cantidad de comida, posibilidad de asistencia médica una vez por semana y más cosas que en Chile son impensables.

Pero el sentido, o el fondo, es el mismo: intentar ejercer un control total sobre el preso con el claro propósito de desvincularlo de su entorno (en nuestro caso político), y así quebrarlo en sus ideas que se reflejan en prácticas determinadas. Este control, a mi modo de ver, es más riguroso o eficiente en esta parte del mundo, materializándose principalmente en nuestras comunicaciones: desde las publicaciones, artículos y/o revistas que prohíben entrar, como en el contacto físico (visitas, vis a vis) con la gente cercana. En la cárcel de máxima seguridad chilena teníamos visitas vis a vis tres horas por semana y otras tres horas más por locutorio que nosotros por dignidad no utilizábamos. En el CAS son 7 horas a la semana (un día completo casi) donde pueden ir la familia y los amigos, y la visita íntima también es de 7 horas, 2 veces al mes. Esto aquí es impensable. El régimen carcelario aquí es diferente; no existen los vis a vis con amigos, los vis a vis íntimos y los familiares son de 2 horas al mes. Este régimen se caracteriza por el contacto no presencial del preso con “la calle”, cortando toda proximidad, dando prioridad a las comunicaciones impersonales como pueden ser las llamadas telefónicas (8 de 5 minutos a la semana, si tienes dinero) y las cartas (2 a la semana, ambas cosas, por supuesto, intervenidas).

La cantidad de medicación que la institución carcelaria le mete a los presos es increíble. Es evidentemente una política carcelaria, es parte fundamental de este régimen. Prácticamente el 90% de los presos toma algún tipo de medicación que por lo general les deja “zombis” pasando a constituirse en el tema y la dinámica principal del mundo carcelario. Toda la dignidad de los presos se esfuma en las pastillas, además de aniquilarlos mentalmente lo que influye en su conducta. Este hecho, pienso, determina negativamente cualquier posibilidad reivindicativa dentro de la prisión, por lo menos yo no he visto ningún atisbo de plantearse reivindicaciones, lo que en Chile sí que pude presenciar y también participar. No sé donde lo leí, pero se me viene a la cabeza constantemente y estoy muy de acuerdo: “Las cárceles reflejan a la sociedad”, y el comportamiento de los presos de este país refleja en gran medida la conducta de los amnésicos, alienados y pacificados consumidores del Reino de España.

Uno de los elementos más perversos y más propios de la realidad carcelaria del Estado español es el hecho de la dispersión. El hecho de estar a 700 o 1000 km de tu gente querida, de tu entorno más cercano es una forma ampliada de castigo y no sólo al preso: a la familia y compañerxs que cada semana cruzan la península para hacer una visita. Es una forma más de aislamiento y uno de los desafíos de la solidaridad. Y también un factor importante que afecta cualquier iniciativa de lucha. Los traslados son algo establecido dentro del régimen carcelario. Existe todo un aparato destinado a tal actividad, más aún, creo que hoy por hoy una de las principales tareas de la Guardia Civil es precisamente esa: dedicarse al traslado de presos. Resulta sorprendente estar en la cárcel madrileña de Valdemoro (donde pasan todas las conducciones de España) y ver llegar constantemente autobuses de la Guardia Civil cargados de presos de todo el país y por las razones más diversas.

Cada letra cómplice, cada gesto solidario, cada sonrisa detrás de los cristales, cada palabra insumisa hace que lo que antes provocaba miedo y respeto, lejos de intimidar, hoy alienta y anima. Cuanto más aprendemos a conocernos más nos reímos de lo que pensábamos que era insuperable, y podemos con nuestra obstinación saltar elevadas barreras y destruir gruesos muros, eliminar el aislamiento y romper la incomunicación.

La vida es, entre otras cosas, un constante intento por superar obstáculos y la cárcel es uno de ellos. Un obstáculo duro que precisa ser destruido junto con el mundo que lo sustenta, junto con el Estado que limita y subordina. Es un obstáculo que supera el espacio físico que lo representa siendo parte de las relaciones impuestas por el Poder basadas en la enajenación de nuestras vidas. Es, en definitiva, el fundamento de la sociedad.

Así, todo intento por tomar el control de nuestra experiencia es, por lo tanto, un intento por romper con el dominio carcelario. Cada destello de libertad que surge del enfrentamiento contra el Poder agrieta el molde de la civilización y le imprime contenido a la idea/consigna: un anarquista en prisión nunca está solo.

¡Fuerza a lxs compañerxs en huelga de hambre!

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