odium fidei

A pesar de la influencia histórica de la iglesia católica en el estado español, desde la santa inquisición, las cruzadas y la expansión colonial; al fuerte adoctrinamiento que ha significado en lo social, o quizás por todo ésto mismo, varias oleadas anticlericales han recorrido en más de una ocasión la Península quemando templos y conventos.
A pesar de la influencia histórica de la iglesia católica en el estado español, desde la santa inquisición, las cruzadas y la expansión colonial; al fuerte adoctrinamiento que ha significado en lo social, o quizás por todo ésto mismo, varias oleadas anticlericales han recorrido en más de una ocasión la Península quemando templos y conventos.

A mediados de siglo XIX, en las bullangues de Catalunya, se atacaron iglesias junto a símbolos del absolutismo real. Más tarde, durante la Semana Trágica en 1909, una orgía de fuego y fervor ateo arrasa la mayoría de los edificios religiosos de Barcelona. Después, en Madrid y algunas otras ciudades como Málaga, Cádiz o Alicante, se desata un ataque generalizado a instituciones eclesiásticas en los sucesos que se conocerían más tarde como La quema de conventos de 1931. Y como no podía ser de otra manera, en el corto verano de la anarquía de 1936 fueron de nuevo saqueados y calcinados gran parte de los símbolos del catolicismo del territorio. Por otra parte, lejos de esos ataques en masa, ha sido objetivo de acciones aisladas hasta el día de hoy, ya sea con bombas, incendios o atentados contra miembros del clero, y es que la Iglesia y sus templos han sido, son y serán un enemigo natural de lxs anarquistas. Un enemigo inolvidable en el camino hacia la liberación total. Ese Odium fidei ha sido gestado durante siglos de dominación y represión católica, en un recorrido en que se ha situado siempre al lado del poder, de los estados, de los intereses económicos. Su impacto en la historia de la humanidad ha sido una cadena de atrocidades una tras de otra: guerras, invasiones, saqueos, violaciones, torturas, asesinatos, esclavitud, así como romances con los grandes imperios, monarquías absolutistas, dictaduras fascistas o el capitalismo más salvaje, nada falta en su historia marcada por la fe.

La aceptación del concepto “pecado” establece la linea divisoria entre lo moralmente aceptable y lo católicamente reprochable, privando al individuo de su propia capacidad para pensar y decidir y preparándolo para tolerar una autoridad en su vida más allá de sus propios impulsos e intereses. Su adoctrinamiento patriarcal convirtió en pecado el placer y en impuras a las mujeres, a las cuales ha procurado mantener siempre sometidas al rol de madre entregada y esposa sumisa, sometiéndolas, reduciéndolas a un papel de meras fabricantes de prole a la que explotar (y en esto la diferencia con el marxismo es bastante tenue), alienándolas de su propio cuerpo en mayor medida aun que a los hombres y justificando de manera muy particular su situación social. También se permitieron condenar y perseguir la homosexualidad y todo lo que se alejara de esos roles bien definidos y de esa sexualidad normativa.. El control de la educación en la obediencia, junto a su mano de hierro, permitieron que arraigara a la fuerza su moral cristiana, haciéndonos más inseguros y dóciles, menos autónomos y libres, alejándonos de nuestra perspectiva presente y terrenal y domesticándonos para aceptar la autoridad, el perdón y la culpa. Ensalzando lo divino, el mundo de la fe, ciega las posibilidades que brinda la incertidumbre presente, y patologiza nuestras vidas con el sufrimiento, el miedo y la resignación.

Por si fueran pocas todas las cosas que se le pueden achacar a la iglesia, en este caso católica, una de la más aberrantes ha sido su complicidad, cuando no participación activa, en la expansión de diversos imperialismos a lo largo de la Historia y su apoyo activo o pasivo al genocidio y la esclavitud.

Bendecidos fueron los conquistadores castellanos que, en el nombre de dios y con la bendición del Papa, fueron a América a partir del siglo XV a explotar, conquistar, colonizar y masacrar a miles de personas, pueblos y tribus. Más de cuarenta millones de muertos, decenas de miles de violaciones y un expolio sin precedentes al entorno natural y a las riquezas de los pueblos americanos les costó la broma a los habitantes originarios del continente que el déspota llamado Cristóbal Colón descubrió según la Historia occidental. En este aberrante genocidio la iglesia tuvo un papel protagonista al dirigir, todo en el nombre de dios, de la caridad y de los pobres, por supuesto, las llamadas reducciones. Éstas no eran sino auténticos campos de concentración donde se ubicaba a los indios, se les imponía la fe católica (evangelización), la lengua castellana, la cultura y modos de vida de los conquistadores y, ya que estábamos, se les hacia trabajar en condición de esclavitud explícita para la Iglesia Católica y para la Corona de Castilla, potencia mundial en ese momento.

Cierto es que hubo algunos sacerdotes jesuítas que, a título particular, protestaron y denunciaron el hecho, como por ejemplo Bartolomé de las Casas, pero no menos cierto es que esos sacerdotes y sus órdenes religiosas no condenaban la esclavitud (a iniciativa suya se llevaron a negros africanos como esclavos a América, dado que a ellos no los consideraban personas), y sus disputas se ceñían a la manera en la que se gestionaba el poder en la “noble” institución que fundara San Pablo.

No mucho más tarde, en el siglo XVI, cuando las iglesias protestantes se separaron de la católica se iniciaron las guerras de religión por centroeuropa; guerras en las que ambas iglesias buscaban extender su dominio. Sin embargo no tuvieron reparo en suspender la guerra para aplastar las revueltas campesinas y predicar la debida obediencia que un siervo le debía a su señor. Estas revueltas fueron aplastadas y aceleraron la paz y la coexistencia, tensa pero pacífica, de ambos credos cristianos. Se ha calculado en doscientos mil el número de muertos. En esta época también se recrudeció la guerra contra el Islam (empezada en la edad media por este credo por motivos políticos y económicos bajo la excusa de luchar contra los infieles, a la que demasiado rápidamente se apuntaron los cristianos, con el pretexto perfecto para hacer lo mismo) y el musulman Imperio Turco.

La Iglesia ya tenía larga experiencia en imperialismo y guerras de religión, pues fue ella y solo ella quien, con la justificación de la fe y la motivación del botín, lanzo a miles de mercenarios a las cruzadas, no sólo contra los musulmanes de oriente medio, sino también contra otros cristianos del báltico, cuyo crimen era pertenecer a otra etnia y vivir en tierras deseadas por el papado.

Sin extendernos mucho podríamos hablar de la colaboración de la iglesia con los nazis, apoyando la iglesia católica alemana el régimen de Hitler y callando el Papa ante el holocausto que se llevó la vida de más de 6 millones de personas (más de dos de ellas de origen judío, pero también gitanos y otras etnias no arias, musulmanes, comunistas, anarquistas y personas de otras tendencias políticas). Raro es este hecho dado que la iglesia nunca supo tener la boca cerradita y no calla tanto cuando las políticas de algún Estado no les sirve en su intento de consolidar su poder. Los estados, por supuesto son tan culpables o más que las iglesias y que el capitalismo en estas correrías, tan frecuentes en toda la historia humana desde que existe la autoridad en forma institucionalizada.

A día de hoy, aunque el clero como influencia ha perdido terreno en lo social, sigue manteniendo como institución su estatus de poder, con sus exquisitos privilegios, su inmenso patrimonio y su incalculable fortuna. La herencia católica es palpable hasta nuestros días en los códigos morales del ciudadano, en las familias patriarcales, en la sexualidad reprimida, en el altruismo caritativo. Puede plañir la iglesia todo lo que quiera y ponerse una piel de cordero para ir de victima, pero el hecho es que son una de las múltiples garras de la opresión y por lo tanto como tal se la debe de tratar. Cualquier ataque contra este institución en particular ha de ser siempre bien recibido.

Hoy como ayer, la iglesia es un enemigo muy real al que tenemos que combatir tanto físicamente como en su forma residual, destruyendo en nuestro presente cada resquicio de su dogma tan peligrosamente interiorizado.

Contra los pastores, contra los rebaños…

No se equivocaba quien afirmó que no se puede pensar libremente a la sombra de una capilla, expresión que contiene la intención de remarcar el rechazo a lo viejo, lo construido por la fuerza, el rechazo a un mundo de opresión con el que no se puede convivir pacíficamente. Y que para poder empezar a pensar verdaderamente, sin lastres que planteen de antemano falsas preguntas hace falta empezar de verdad, o continuar de verdad cuestionándolo todo con la práctica, con la capacidad de rebelarnos hilando cada vez más fino, golpeando de mil maneras posibles, rompiendo…Ejemplos de ataques a la Iglesia hay muchos a lo largo de la historia. Esto lo sabían los GARI, por ej, en los 70, cuando incendiaron 13 autobuses de peregrinos españoles en Lourdes y mucho antes también aquí, cuando iconos religiosos e iglesias incluidas fueron destrozadas por el fuego de la multitud revolucionaria a comienzos del siglo pasado y en los años 30. Aun hoy, gestos rebeldes golpean a ésta nefasta institución..

También algunos afirmaron en otra ocasión que a fuerza de pensar tanto en preparar la revolución del futuro,se termina respetando demasiado el presente, a lo que podríamos agregar que a fuerza de insistir tanto sobre el pasado de luchas sin entender el hoy se descuida y menosprecia el presente y se lo termina subestimando por pobre en comparación. Muchos anarquistas y rebeldes entendemos el presente como un presente de lucha, alejándonos de la espera y las postergaciones. A lo largo y ancho del globo muchas se niegan a obedecer y se rebelan, incluso en las peores “condiciones”, arriesgando y esforzándose por seguir adelante. La maquinaria demócrata ha hecho creer a muchxs que la libertad existe, enmarcada dentro de unos límites que acumulan al consenso social y la vida en “paz”. Muchxs sabemos que la libertad no es otorgada por nadie, se tiene o no se tiene. La construcción de un imaginario basado en el seguidismo solo aporta a la reafirmación del sistema. Los “actos de fe” en los pastores de partidos -grandes o pequeños-,sindicatos, etc bajo la creencia de que traerán soluciones “mágicas” a la supervivencia solo alejan cada vez más los deseos y las actitudes combativas que sí pretenden destrozar por completo la sumisión, la delegación, la búsqueda auténtica de cosas nuevas e inimaginadas. Un credo ha buscado instalarse: el de la fe inquebrantable en un sistema asqueroso y deplorable. Los pastores son los de siempre…no seamos parte del rebaño…

¡La única Iglesia que ilumina…la que arde!

No olvidamos nunca a nuestros compañeros encerrados por el Estado, a todxs los rebeldes, un saludo caluroso y combativo a Mónica Caballero, Francisco Solar, Gabriel Pombo da Silva, Nikos Maziotis, recientemente apresado por el estado griego tras dos años de clandestinidad. ¡Recordamos siempre a todxs los anarquistas, antiautoritarios y rebeldes represaliados y continuamos la lucha!

¡Salud y Anarquía!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s