El eterno dilema entre lo masculino y lo femenino

Tenemos actitudes machistas, nos damos cuenta y no las cambiamos. Queremos actuar de una manera libertaria en nuestras relaciones, pero seguimos manteniendo / viviendo relaciones con prácticas patriarcales.
No es culpa de los libertarios, ni de las libertarias, ni de los hombres, ni de las mujeres. Una vez leí la letra de una tema musical de un amigo anarcopunk que comenzaba así:
“La mujer que es sumisa, que recibe malos tratos, no reacciona, se calla, se iguala al machista bruto, estúpido e idiota”
No estoy de acuerdo. Ella no se iguala al machista cuando se calla ante la violencia, simplemente porque en esta cultura patriarcal está tan arraigada, que ella considera “normal” que un hombre la agreda. La mujer no fue educada para reaccionar, y cuando digo educada, digo que la mujer no fue preparada para gritar, decir que el marido / compañero la maltrata. La sociedad luego dice:”¿Cómo se atreve si es su compañero?” Asimismo, las mujeres carecen de autoestima y piensan que no podrán ser felices sin un hombre al lado. Si nosotro/as anarcopunks/anarquistas, pese al grado elevado de cuestionamiento, actuamos de manera machista, imaginemos l@s burgueses, que no se cuestionan nada. No podemos culpar a las mujeres, ni a los hombres, ya que es la cultura patriarcal la que genera l@s monstruit@s.
En conversaciones con amigas libertarias aquí, en João Pessoa, observo conductas machistas, y por ende, roles de género, que todavía no están muy presentes en el movimiento anarcopunk. Por eso insisto siempre en el tema. Porque existe, sucede e incomoda. Es mucho más fácil para el hombre señalar a la mujer como culpable y decir que siempre se hace la víctima, porque para él, libertario o no, las cosas les resultan más fáciles, salvo en algunos casos. Resulta sencillo decir que ella busca un príncipe encantado y que, por eso, se le derrumba el castillo cuando él la deja sola en un bar, y al día siguiente ni siquiera se excusa. Para el hombre es muy fácil actuar de esa forma, porque puede desconectarse del sentimiento, las mujeres no.

Oí decir a un anarquista, que cuando nosotras las mujeres pedimos demasiado o, inclusive, cuando manifestamos nuestra rabia es porque estamos descontroladas, desesperadas y hasta ¡¿ histéricas!?. Esto me remite al s. XVIII, tiempo en que los señores médicos nos clasificaban con esa misma palabra “histérica”, cuando no soportábamos más la opresión masculina y gritábamos en las calles, o enloquecíamos, siendo llevadas de inmediato al manicomio.

Cabe agregar unos datos con respecto a los manicomios: observen en sus ciudades la cantidad de mujeres y de hombres internados. La cantidad de mujeres supera a la de los hombres. ¿Por qué será?

Volviendo a nuestro movimiento anarcopunk. No se culpa a los hombrees ni a las mujeres si actúan de manera machista, de patriarcado; la palabra hace que esto ocurra. Como dice la feminista, Rose Marie Muraro, en su libro La mujer en el tercer milenio, en el capítulo donde habla del patriarcado: “A través de la palabra, la maternidad puede ser vista como una gran fuerza sagrada, o como vulnerabilidad. De la misma forma, un hombre es percibido como elemento marginal en las culturas matricéntricas, o como macho dominador en las culturas agrarias más recientes”.

Si tenemos conciencia de esto, ¿por qué no cambiamos? ¿Por qué huimos siempre, principalmente los hombres, de las discusiones sobre machismo en la escena punk? ¿Por qué siempre consideramos frágiles a las mujeres, y por qué no intentamos discutir esos temas? ¿Por qué nosotras las mujeres permanecemos calladas? Leí en el informativo del Colectivo Ideal Peres, Libera…, de Río de Janeiro, una entrevista con un grupo de Mujeres Libres, de España. Decían que cuando hablaban con una mujer libre, los anarquistas más cercanos a ellas siempre imaginaban a la mujer sin ropa, desnuda. Me detuve a analizar esta afirmación y advertí que en las gigs punks, las mujeres son más libres (el mismo ambiente lo propicia) y los hombres también y, en consecuencia, hay encuentros amorosos. Ahora bien, estos hombres ¿qué piensan de estas mujeres libres? ¿Que entre el@s puede haber sexo de una manera “muy anarquista” y que al día siguiente pueden tratarse fríamente? ¿Cómo son tratadas sus compañeras? ¿ Una mujer libre no tiene sentimientos?

¿Qué representa una joven punk/libertária en una gig punk o en cualquier ambiente?

¿Con mujeres que son lo opuesto a las mujeres libres, cómo actúan? Si desean una relación libre, por qué se casan/conviven con mujeres que son lo contrario de las mujeres a las que ellos cantan en las canciones y en sus discursos en zines?

Nuestros comportamientos talvez se expliquen debido a siglos de una cultura patriarcal, que coloca al hombre como dominante, a la mujer como dominada, lo que comenzó a partir del debilitamiento de las sociedades agrarias, cuando el hombre comenzó a descubrir su función en el acto sexual.

La mujer está ligada a la naturaleza, dice la feminista Rose Marie Muraro, esta naturaleza comenzó a ser dominada por el hombre, a partir del momento en que el patriarcado comenzó a consolidarse. Pero, volvamos a las mujeres libres. ¿Por qué los hombres libertarios desean relacionarse con mujeres libres, pero se casan siguiendo la tradición, con mujeres conservadoras que se castran a sí mismas su propia felicidad? ¿Por qué las mujeres libres que cuestionan todo esto producen miedo? ¿Será por eso que las mujeres libres no encuentran pareja / compañero, sino relaciones momentáneas porque los alternativos-punks-libertários todavía prefieren relaciones tradicionales??

Talvez las respuestas a estas preguntas no existan, o como un anarquista me dijo “nadie manda en el corazón”. ¿No será ésta una explicación demasiado simplista? O tal vez no existan respuestas y si así fuere puede encontrarse en el párrafo del libro de Rose Marie Muraro, La mujer en el tercero milenio:
“Cuando la cultura matricéntrica da lugar al patriarcado, se rompen los vínculos afectivos que unían a las mujeres con otras mujeres. Ahora, cuando se casa la mujer va a la casa del marido. A partir de la dominación económica ejercida sobre ella por el marido y su familia, la mujer introyecta su inferioridad. Esta introyección se traduce en dependencia psicológica con relación al hombre, en tendencias masoquistas (sentir placer con las humillaciones y sufrimientos) frigidez y carencia sexual. Cuando las mujeres se dividen entre sí, los hombres continúan siendo capaces de establecer alianzas y, muchas veces, de vivir en grupos solidarios, lo que refuerza entonces su superioridad construida sobre la división de las mujeres. Cuando se vuelve adulto, el hombre ya no es capaz de amar a la mujer, separa el deseo sexual del afecto y, así, separa también la imagen de la mujer. Por un lado la esposa, la santa, la sucesora de la madre, que pertenece al dominio del afecto. Por otro lado, la prostituta (la libertaria, la punk, la alternativa) la que pertenece al dominio del placer. Así, el hombre se divide para no entregarse, porque desde la infancia aprendió que entregarse al amor era ser castrado, y por consiguiente, morir, ser vencido. Cada uno, porque, hombre y mujer, asume su lugar en el sistema patriarcal a partir de lo más íntimo de sí mismo, sin saber que ambos son fabricados para ser combustible del sistema, viviendo roles que éste les asignó.”

Entonces, ¡fueron (in) felices para siempre!

Mabel Dias

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